1ª Sesión

En la primera sesión de este nuevo taller planteamos un debate en torno a estas preguntas:

¿Qué es la democracia?

Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
Hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Por último, hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios.

 

¿Qué entendemos por Participación?

Partimos de un concepto de Participación como el derecho de la ciudadanía a
participar activamente en la conformación de las políticas públicas, partiendo de la
responsabilidad y legitimidad que el sistema representativo otorga al gobierno para
tomar las decisiones que considere oportunas en un marco de legalidad y
trasparencia, que generan un modelo de gestión de calidad y eficiencia del ejercicio
del gobierno municipal.
A partir de esta definición, de la idea central de la Participación como un derecho
ciudadano que forma parte del propio concepto de Democracia, entendemos
también la Participación como una necesidad, un elemento imprescindible para
hacer frente a los nuevos retos de las ciudades, para avanzar en la modelación de
ciudades más sostenibles social, económica y ambientalmente.
Esta consideración nos lleva también a la idea de la Participación como un elemento
decisivo de transformación social. Y como un proceso educativo, asociado al mundo
de la vida cotidiana, al ámbito de la proximidad. La escala humana es una condición
necesaria para ser, sentirse y tomar parte en las decisiones que nos afectan.
La Participación, por tanto, deviene en procesos de construcción colectiva de
proyectos de ciudad.
 

¿Qué entendemos por Ciudadanía?

La Ciudadanía, como la Participación, es también un concepto asociado al de
Democracia y en continua evolución.
Para empezar, la idea de Ciudadanía implica disfrutar derechos y asumir
responsabilidades del individuo ante su entorno. Derechos y responsabilidades que
se ejercen integrando tres facultades, las tres „C‟ de la Ciudadanía: Conocimiento,
Comunicación y Conciencia.
Así pues, la práctica de la Ciudadanía equivale a ser, estar, sentirse y tomar parte
activa de una comunidad y de las decisiones públicas que nos afectan. 
 
 

Después hablamos sobre el papel que tenían ellos-as como ciudadanos que tenían una discapacidad, las barreras que encuentran y el papel de la asociación como herramienta de participación.

Por último leímos un texto adaptado de “Construyendo ciudades” de César Muñoz:

“Sueño  una  ciudad  donde  sea
posible  sentirla  como  propia,  el
compartir, el  crear, el  ser diferente, el
vivir la intimidad, el gozar del silencio,
el  utilizar,  vivir,  sentir  los  diferentes
espacios,  el  ofrecer  alternativas  a  sus
problemas.

Sueño una  ciudad donde  el hecho de
educar no sea solo papel de la escuela,
la universidad y la familia, sino que se
incorpore  como  esencial  el  tiempo
libre,  adaptando los  espacios que hay
en espacios de diálogo y aprendizaje.

Sueño  una  ciudad  donde  se  pueda
disfrutar  de  los  momentos  pequeños
de  cada  día,  de  la  vida  cotidiana,  de
forma  que  no  pasen  desapercibidos,
porque  por  ellos  pasa
fundamentalmente  la  vida,  y  que  a
través  de  ellos  se  puedan  encontrar,
provocar e intercambiar experiencias.
Donde  el  fallar,  equivocarse,  dudar,
tener miedos, se considere algo normal
y una etapa de crecimiento personal.

Sueño una ciudad donde la libertad se
compagine con la existencia de límites,
normas y leyes lógicas y justas.
Aquella  en  la  que  haya  esquinas,
portales, rincones…  que  se  vivan  casi
como propios, o propios en compañía
de  alguien.  Donde  existan  espacios
vacíos,  aún  sin  llenar,  con
posibilidades  de  concretar,  desde  la
ciudadanía, su utilización.

Sueño  una  ciudad  donde  circule  la
información, donde el saber y el poder
no  estén  separados  ni  en  manos  de
determinadas personas y de sólo unas
pocas. Donde la tecnología no  sea un
nuevo foco de exclusión a la que sólo
acceden los que la  conocen y poseen,
sino donde los círculos científicos sean
ambientes de aprendizaje.

Sueño una ciudad donde se valore que
lo  fundamental  son  los  diferentes
procesos,  más  que  los  resultados.
Donde se pueda participar de base, de
raíz, casi “desde cero” en su diseño, en
sus procesos, en la elaboración de sus
políticas, en sus momentos de fracaso y
de éxito.

Sueño  una  ciudad  donde  se  pueda
recuperar la credibilidad en la política
y  en  los  políticos  u  ofrecer  una
alternativa real, donde  su palabra  sea
la nuestra y no la impuesta.

En consecuencia, una ciudad donde la
ciudadanía  no  sea  cliente,  paciente,
beneficiaria,  administrada,  sino
colaboradora.

Donde aumente la ilusión…”

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